Crucero en catamarán por la Polinesia Francesa
8 días y 7 noches desde Raiatea, con salidas de sábado a sábado
Crucero en Catamarán por la Polinesia Francesa:
El paraíso no es un lugar, es un viaje: bienvenido al sueño azul del Pacífico
Cierra los ojos e imagina: te despiertas en un camarote luminoso, mecido por el suave vaivén del océano. Abres los ojos y, a través del ojo de buey, ves el agua más azul que hayas visto jamás, tan transparente que distingues cada matiz del fondo de coral. Subes a cubierta con el café en la mano y ante ti se extiende una laguna imposible, rodeada de montañas verdes cubiertas de vegetación tropical. El aire huele a flores de tiaré y a salitre. El silencio solo lo rompen el grito de las aves marinas y el rumor de las olas que rompen suavemente contra el arrecife de coral.
Bienvenido a la Polinesia Francesa. Bienvenido al paraíso.
Un crucero en catamarán por la Polinesia Francesa no es unas vacaciones cualquiera. Es un viaje al Edén, una inmersión total en lo que todos llaman “el paraíso en la tierra” y que, una vez visto, descubres que no es ninguna exageración. Es la experiencia que cambia tu percepción del mar, del azul, de la belleza misma.
Esto no es el Mediterráneo con sus costas abarrotadas. No es el Adriático con sus puertos deportivos. Esto es la Polinesia: 118 islas repartidas por una superficie oceánica tan grande como Europa entera, donde la naturaleza aún reina soberana, donde las lagunas lucen colores que parecen inventados con Photoshop y donde el tiempo fluye al ritmo lento de la cultura polinesia, marcado por las mareas y el sol.
¿Y la mejor manera de vivirla? A bordo de un catamarán de lujo, navegando entre atolones paradisíacos, fondeando en bahías accesibles solo por mar, zambulléndote en aguas tan transparentes que parecen aire y quedándote dormido bajo un cielo de estrellas que nunca habías visto brillar con tanta fuerza.
Por qué la Polinesia Francesa es el viaje de una vida
Un archipiélago de maravillas
La Polinesia Francesa está formada por 118 islas repartidas en cinco archipiélagos: las Islas de la Sociedad (donde se encuentran Tahití, Bora Bora y Moorea), las Tuamotu, las Marquesas, las Australes y las Gambier. Cada archipiélago tiene su personalidad, su alma, su belleza única.
Las Islas de la Sociedad son el corazón palpitante de la Polinesia: aquí está Tahití, la capital y puerta de entrada, y después las islas de ensueño que han hecho famosa a la Polinesia en el mundo entero. Bora Bora, con su laguna imposible y el monte Otemanu alzándose majestuoso en el centro. Moorea, con sus bahías en forma de corazón y montañas que parecen dientes de tiburón. Huahine, salvaje y auténtica, todavía apegada a sus tradiciones. Raiatea y Tahaa, las islas gemelas que comparten la misma laguna, corazón espiritual de la cultura polinesia.
El archipiélago de las Tuamotu es un mundo aparte: 78 atolones coralinos planos, donde la tierra emerge del océano apenas unos metros, formando anillos perfectos que encierran lagunas de una belleza surrealista. Aquí el arrecife de coral es uno de los más ricos y espectaculares del planeta, y sus inmersiones están consideradas entre las mejores del mundo. Rangiroa, Fakarava, Tikehau: nombres que hacen soñar a cualquier submarinista y a cualquier amante del mar.
El color que no existe en ningún otro lugar
Quien ha estado en la Polinesia te lo dirá: el color del agua de aquí no existe en ninguna otra parte del mundo. No es simplemente “azul” o “turquesa”. Es toda una gama de azules y verdes que cambian según la profundidad, la luz y el fondo, creando matices que parecen pintados a mano por un artista obsesionado con la perfección.
En las lagunas poco profundas, el agua es de un turquesa lechoso casi fluorescente. Donde el fondo se vuelve arenoso, vira hacia un verde agua luminosísimo. Sobre los jardines de coral se convierte en azul zafiro. Y cuando miras hacia mar abierto, más allá del arrecife, es un azul ultramar profundo que corta la respiración.
No es un efecto fotográfico. Es real. Y es un espectáculo del que no te cansarás jamás.
La cultura polinesia: hospitalidad y tradición
La Polinesia no es solo naturaleza espectacular. Es también cultura, historia, tradiciones que hunden sus raíces en milenios de navegación oceánica. Los polinesios estuvieron entre los más grandes navegantes de la historia de la humanidad: cruzaron el océano Pacífico en canoas con balancín guiándose por las estrellas, las corrientes y el vuelo de las aves.
Hoy aquella cultura sigue viva: en los cantos, en las danzas, en la lengua, en la manera de recibir a los huéspedes con una sonrisa genuina y un “Ia Orana!” (que significa “que tengas una larga vida”). Los polinesios tienen un concepto llamado “mana”, la energía espiritual que impregna todas las cosas, y cuando estás aquí, navegando entre estas islas, la sientes. La sientes en la fuerza del océano, en la quietud de las lagunas, en la majestuosidad de las montañas.
El catamarán: tu casa flotante en el paraíso
¿Por qué un catamarán?
Para explorar la Polinesia, el catamarán es la elección perfecta. A diferencia de los barcos monocasco, el catamarán tiene dos cascos paralelos que le confieren una estabilidad increíble, espacios interiores y exteriores mucho más amplios y un calado reducido que permite acercarse a bahías y motus (islotes) inaccesibles para otras embarcaciones.
La sensación a bordo de un catamarán es completamente distinta: no existe el balanceo típico de los barcos tradicionales; el movimiento es suave y tranquilizador. Incluso quienes se marean encuentran los catamaranes extremadamente cómodos. Puedes moverte con total libertad sin perder el equilibrio, y la navegación es tan fluida que a veces olvidas que estás en un barco.
Tu catamarán: Lagoon 620
Tu viaje se desarrollará a bordo de un espléndido Lagoon 620, una obra maestra francesa de ingeniería náutica de 19 metros de eslora, diseñada específicamente para el crucero de lujo en mares tropicales.
Este catamarán dispone de seis camarotes dobles, cada uno con baño privado, aire acondicionado (operativo de 08:00 a 22:00, alimentado por el generador) y ojos de buey panorámicos que te permiten despertarte cada mañana con vistas al océano. Puedes elegir entre camarotes de categoría Superior (más espaciosos, con camas de matrimonio queen size) o Standard (igualmente confortables, con camas de matrimonio o individuales convertibles).
Espacios de ensueño
Los espacios comunes del Lagoon 620 son sencillamente espectaculares:
El salón principal: luminoso y ventilado, con grandes ventanales panorámicos de 360 grados, mesa de comedor para 12 personas, zona lounge con cómodos sofás y cocina a la vista donde la azafata prepara las comidas. Aquí se disfrutan los abundantes desayunos, se comparten las cenas y se juega a las cartas durante las travesías más largas.
El flybridge: el corazón social del barco. En la cubierta superior encuentras una zona de solárium con colchonetas acolchadas (perfecta para el dolce far niente bajo el sol polinesio), el puesto de gobierno desde donde el capitán dirige el catamarán y una zona lounge con cojines donde el aperitivo al atardecer es un ritual irrenunciable.
La cubierta de proa: la zona más mágica del catamarán. Entre los dos cascos hay una red tensada donde tumbarse y sentirse suspendido sobre el océano mientras el catamarán navega. Es ahí donde miras el agua deslizarse bajo tus pies, donde se avistan los delfines, donde lees un libro mecido por el viento. Muchos huéspedes dicen que ese es su rincón favorito a bordo.
La plataforma de popa: con escalera para lanzarse directamente al agua, ducha para enjuagarse después del baño y espacio para guardar los kayaks y el equipo de snorkel. Desde aquí se accede al océano, y aquí es donde regresas después de cada baño en aguas cristalinas.
La tripulación: tus ángeles del Pacífico
Un crucero en catamarán por la Polinesia no sería lo mismo sin una tripulación dedicada que cuida cada detalle de tu viaje. A bordo te acompañarán dos profesionales apasionados de su trabajo y enamorados de estas islas.
El capitán: comandante y guía
El capitán no es solo un navegante experto (con licencia internacional y años de experiencia en estas aguas): es también tu guía polinesio. Conoce cada bahía, cada paso a través del arrecife de coral, cada rincón escondido donde el agua es más hermosa, donde el snorkel es espectacular, donde los atardeceres te dejan sin palabras.
Es él quien planifica las rutas de cada día evaluando viento, corrientes y meteorología para ofrecerte siempre la mejor navegación. Es él quien te cuenta las leyendas de las islas, quien te explica cómo navegaban los polinesios sin brújula, quien te lleva a lugares que jamás encontrarás en una guía turística.
Pero, sobre todo, es él quien garantiza tu seguridad y tu confort. La Polinesia es, por lo general, un paraíso tranquilo, pero el océano Pacífico sigue siendo el océano, y contar con un capitán experto que conoce estas aguas no tiene precio.
La azafata: chef y ángel de la guarda
La azafata/steward es el alma de la vida a bordo. Es ella (o él) quien prepara tres comidas al día con ingredientes fresquísimos: pescado recién capturado, fruta tropical dulcísima, verduras crujientes y especialidades polinesias que te descubren los sabores auténticos de estas islas.
La pensión completa incluye un desayuno abundante (fruta tropical, pan recién hecho, huevos, yogur, zumos, café), almuerzo (a menudo a base de pescado, ensaladas frescas, arroz y fruta), merienda por la tarde (bizcochos caseros, fruta) y cena (platos más elaborados, con frecuencia con influencias francesas y polinesias).
Pero la azafata no es solo una chef: se ocupa también de los camarotes (cambio semanal de la ropa de cama), prepara el catamarán para la navegación, sirve las comidas y, sobre todo, está siempre presente con una sonrisa, un consejo, una charla amistosa. A bordo se crea un ambiente familiar, íntimo, donde te sientes huésped en una casa flotante más que cliente en un barco.
El itinerario: 8 días entre las Islas de la Sociedad
Nuestro crucero clásico de 8 días y 7 noches explora el corazón de las Islas de la Sociedad, tocando Raiatea, Tahaa, Bora Bora y Huahine. Es un itinerario perfecto que equilibra navegación, relax, actividades náuticas y descubrimiento cultural.
Día 1: Bienvenido a Raiatea – el comienzo del sueño
Tu viaje comienza en Raiatea, la isla sagrada, el corazón espiritual de la Polinesia. Llegas a la marina de Uturoa hacia el mediodía y la tripulación te recibe con el tradicional saludo polinesio: “Ia Orana!” (que tengas una larga vida). Te ofrecen un collar de flores de tiaré perfumadísimas, símbolo de bienvenida, y subes a bordo de tu catamarán, que será tu casa durante la próxima semana.
El capitán te enseña el barco y tu camarote, te explica los equipos de seguridad y después os sentáis todos juntos para el briefing inicial: el itinerario previsto (siempre flexible según la meteorología y vuestros deseos), las normas de a bordo y, sobre todo, lo que os espera en esta semana mágica.
El almuerzo se sirve mientras el catamarán deja lentamente el puerto y navega por el interior de la laguna compartida de Raiatea y Tahaa. Esta laguna es enorme, protegida por un arrecife de coral continuo, con aguas tranquilas y un color turquesa imposible.
Por la tarde se llega a Motu Tau Tau, un islote (motu) de arena blanca y palmeras en la costa noroeste de Tahaa. Aquí te das tu primer baño en aguas polinesias y comprendes de inmediato que no se parece a ningún otro mar que hayas visto. El agua es tan transparente que distingues cada grano de arena del fondo. Te pones la máscara y las aletas y descubres tu primer jardín de coral, un universo submarino rebosante de vida: peces tropicales de mil colores, estrellas de mar, erizos, anémonas.
Por la noche, el catamarán fondea frente al motu y cenas en cubierta mientras el sol desciende hacia el horizonte tiñendo el cielo de naranja y rosa. El silencio es absoluto, roto solo por el sonido de las olas sobre el arrecife lejano. Esa primera noche duermes mecido por el océano y comprendes que has llegado de verdad al paraíso.
Día 2: Navegación hacia Bora Bora – la perla del Pacífico
El despertar es natural: la luz que se filtra por el ojo de buey, el aroma del café preparado por la azafata, el sonido del mar. Desayunas en cubierta mientras el capitán prepara la salida. Hoy toca una travesía de 4 horas hacia el noroeste, rumbo a la isla más famosa de la Polinesia: Bora Bora.
La navegación es mágica. El catamarán se desliza sobre el océano, las velas izadas capturan el viento de los alisios y ante ti se extiende la inmensidad azul del Pacífico. Algunos leen tumbados en la red de proa, otros charlan con el capitán, otros simplemente contemplan el horizonte y se pierden en sus pensamientos.
De pronto, en el horizonte, empieza a perfilarse una silueta: el monte Otemanu, la montaña volcánica en el centro de Bora Bora, que emerge del océano como una catedral de piedra. A medida que os acercáis, la vista se vuelve cada vez más espectacular: la montaña se define y, a su alrededor, empezáis a distinguir la laguna, de un color turquesa-verde-azul imposible de describir con palabras.
El catamarán entra en la laguna por uno de los pasos del arrecife de coral y, de repente, os encontráis en un mundo de agua tranquila y cristalina, rodeada de motus de arena blanca y palmeras. Se fondea en Motu Tapu, un islote privado en la costa este de la isla, para el almuerzo.
La tarde está dedicada a una de las experiencias más emocionantes de la Polinesia: nadar con tiburones de punta negra. El capitán os lleva a una zona poco profunda de la laguna donde estos tiburones (pequeños, inofensivos, pero imponentes) nadan tranquilos. Entras en el agua con la máscara y las aletas y, de pronto, te encuentras rodeado: decenas de tiburones nadando elegantes a tu alrededor, tan cerca que casi podrías tocarlos. Es un momento que hace latir fuerte el corazón, pero también increíblemente emocionante y, sobre todo, absolutamente seguro.
Por la noche, el catamarán fondea en la costa este de Bora Bora y, mientras cenas en cubierta, admiras la silueta del monte Otemanu recortada contra el cielo del atardecer. Las luces de algún resort de lujo se encienden en la costa, pero vosotros estáis ahí, sobre el agua, en la quietud absoluta. No cambiarías tu sitio por nada del mundo.
Día 3: Descubriendo Bora Bora – mantarrayas y lagunas de ensueño
Despertarse en Bora Bora es especial. Abres los ojos y lo primero que ves es el monte Otemanu a través del ojo de buey. Subes a cubierta para desayunar y el agua alrededor del catamarán es tan transparente que ves con claridad el fondo de arena a tres metros de profundidad.
El día comienza con otra experiencia inolvidable: nadar con mantarrayas. El capitán sabe exactamente dónde encontrarlas: una zona de la laguna donde estas criaturas majestuosas (con una envergadura que puede superar los 3 metros) acuden a alimentarse. Entras en el agua y, a los pocos minutos, las ves llegar: enormes, elegantes, planeando bajo el agua como cometas gigantes. Nadan tan cerca que tienes que apartarte para dejarlas pasar. Es una experiencia surrealista, emocionante y totalmente segura: las mantas son criaturas dóciles que no te hacen nada; simplemente comparten su espacio contigo.
Tras esta emoción, navegación hacia Motu Taurere, otro islote paradisíaco, esta vez más salvaje. Aquí la jornada está dedicada al relax puro: paseos por la playa desierta (beachcombing), kayak por la laguna explorando rincones escondidos, snorkel sobre jardines de coral y dolce far niente bajo las palmeras.
La opción más popular para el almuerzo es el Tahitian Barbecue en un motu privado: una mesa servida bajo las palmeras, pescado fresquísimo a la parrilla, ensaladas tropicales, fruta a discreción y la atmósfera única de un pícnic en el paraíso. La azafata lo prepara todo mientras os bañáis y, al volver a la orilla, encontráis la mesa lista. Después de comer, la siesta bajo las palmeras es prácticamente obligatoria.
La tarde está dedicada a la navegación por la laguna de Bora Bora, considerada una de las más hermosas del mundo. El catamarán se desliza ligero sobre el agua en calma y cada minuto regala una vista diferente: motus de arena blanca, la montaña que cambia de forma según la perspectiva, matices de azul y verde que se alternan.
Por la noche se fondea en Matira Point, en la punta sur de la isla principal, famosa por tener una de las playas más hermosas del Pacífico. Puedes bajar a tierra con el tender y pasear por la arena blanquísima mientras se pone el sol, o quedarte a bordo y contemplar el espectáculo desde cubierta con un cóctel en la mano.
Día 4: Regreso a Raiatea – la calma después de la emoción
Después de tres días de emociones continuas, hoy el ritmo se ralentiza. Desayuno con calma, últimas fotos de Bora Bora y, después, travesía de 4 horas hacia el sureste, de regreso a Raiatea.
Esta navegación es más larga y ofrece la oportunidad de vivir en plenitud la experiencia de la vela oceánica. Si las condiciones acompañan, el capitán iza las velas y el motor calla, dejando solo el sonido del viento en las velas y del agua deslizándose a lo largo de los cascos. Es increíblemente relajante: te tumbas en la red de proa, lees un libro, echas una siesta mecido por el vaivén o simplemente contemplas el océano que se extiende infinito a tu alrededor.
El almuerzo se sirve durante la travesía o, una vez llegados, ya fondeados en la bahía. La tarde está dedicada al relax total: baños, snorkel, kayak o simplemente estar en cubierta mirando las nubes.
Existe también la opción de visitar una granja de perlas negras, una actividad típica de la Polinesia. Las perlas negras de Tahití están entre las más apreciadas del mundo, y visitar un criadero permite entender cómo nacen (en ostras “injertadas” a mano), cuánto tiempo requieren (2-3 años) y por qué son tan valiosas. A menudo existe además la posibilidad de hacer snorkel guiado entre las cuerdas de ostras suspendidas en la laguna, una experiencia única.
La velada es libre: puedes cenar a bordo con calma o el capitán puede llevarte a tierra, a un pueblo cercano, para cenar en un restaurante local (con cargo adicional).
Día 5: Descubriendo Tahaa – la isla de la vainilla
Hoy toca madrugar para una breve navegación hasta el pueblo principal de Raiatea, Uturoa. Es la ocasión perfecta para ir de compras al mercado local, una explosión de colores y aromas: puestos de fruta tropical (papaya, mango, fruta de la pasión), pescado fresquísimo, artesanía local (pareos pintados a mano, joyas de nácar, esculturas de madera) y, sobre todo, las perfumadísimas flores de tiaré que las mujeres polinesias llevan en el pelo.
Para quien lo desee, existe la opción de una visita guiada por Raiatea que incluye el lugar más sagrado de toda la Polinesia: el templo de Taputapuatea, patrimonio de la UNESCO. Este marae (templo polinesio) era el centro religioso y político de todas las islas del Pacífico, el punto desde el que partían las grandes migraciones. Caminar entre estas piedras milenarias, rodeadas de vegetación tropical y del sonido del mar, es una experiencia que te conecta con la historia ancestral de este pueblo de navegantes.
La visita continúa hacia el interior de la isla: un valle verde y exuberante, un jardín botánico con plantas tropicales de todo tipo y pequeñas cascadas escondidas en la selva donde darse un refrescante baño de agua dulce (un contraste delicioso después de días de agua salada).
Por la tarde, breve navegación hacia Motu Ceran, un islote privado en el arrecife de coral de Tahaa, y comienzo de una jornada “estilo Robinson Crusoe”. Este motu es salvaje, deshabitado, con palmeras que se inclinan sobre el mar y arena blanca deslumbrante. Tienes toda la tarde para hacer lo que quieras: snorkel en el arrecife (aquí los corales son especialmente hermosos), kayak, exploraciones o simplemente tumbarte a la sombra de una palmera y leer mientras el resto del mundo deja de existir.
La azafata prepara un almuerzo pícnic que disfrutáis en la playa, y el tiempo parece detenerse. No hay relojes, no hay compromisos, no hay nada más que tú, el mar y la naturaleza.
Día 6: Huahine – la isla salvaje y auténtica
Hoy es día de travesía larga (4 horas) hacia el este, rumbo a Huahine, apodada “la isla jardín” por su vegetación exuberante y “la isla salvaje” por su carácter todavía auténtico y poco desarrollado turísticamente.
Salida a primera hora de la mañana para aprovechar los mejores vientos. La navegación vuelve a ser relajante y hermosa: océano abierto, viento constante y, en el horizonte, la silueta de Huahine cada vez más definida. La isla está formada en realidad por dos islas (Huahine Nui y Huahine Iti) separadas por un estrecho brazo de mar.
Se llega hacia el mediodía a la pintoresca bahía de Bourayne, en la costa este de Huahine Nui. Esta bahía es una joya: agua turquesa protegida, playas de arena blanca y muy pocos barcos alrededor. Es uno de esos lugares donde comprendes la suerte que tienes de estar allí.
Almuerzo a bordo y, después, tarde dedicada a las actividades en la playa de Ana Iti: kayak a lo largo de la costa explorando calas escondidas, snorkel en fondos rebosantes de vida (aquí se ven a menudo tortugas marinas), juegos en la playa o simplemente relax total.
Por la noche existe la opción de cenar en tierra en un restaurante con espectáculo polinesio local: bailarines que ejecutan las danzas tahitianas tradicionales al ritmo de los tambores, cantantes que entonan canciones en polinesio y una atmósfera mágica que te sumerge por completo en la cultura local. Es un espectáculo auténtico, no un montaje para turistas, y resulta increíblemente emocionante.
Día 7: El pueblo de Fare y regreso a Raiatea – el último día en la laguna
Última jornada completa en la Polinesia, y el corazón ya empieza a encogerse un poco. Después del desayuno, breve navegación hacia el pueblo de Fare, el pequeño centro principal de Huahine. Es un pueblo tranquilo, colorido, con algunas tiendas, un mercado y, sobre todo, un ambiente auténtico y relajado.
Tienes tiempo para pasear, comprar recuerdos (aquí las compras resultan más asequibles que en Bora Bora), tomar un café en un local del pueblo y hacer snorkel en las aguas cercanas, especialmente hermosas.
Existe también la opción de una visita guiada a los sitios arqueológicos de Huahine: maraes (templos) escondidos entre la vegetación, antiguas trampas para peces de piedra que siguen funcionando después de siglos, plantaciones de vainilla (Huahine es famosa por su vainilla de altísima calidad) y un lugar sagrado donde viven las anguilas sagradas (sí, anguilas gigantes que los polinesios consideran manifestaciones de los antepasados y a las que puedes dar de comer con la mano).
Después del almuerzo llega el momento de la última travesía (4 horas) de regreso a Raiatea. El mar puede estar algo movido (estáis en océano abierto), pero el catamarán es estable y la navegación resulta igualmente confortable. Es la ocasión para repasar la semana vivida, mirar las fotos del móvil, charlar con los demás huéspedes y compartir los momentos favoritos.
Se llega a Raiatea al atardecer, un atardecer que parece aún más hermoso porque sabes que es el último. El catamarán fondea en la bahía y la cena de despedida tiene un sabor agridulce. La azafata prepara un menú especial, se brinda con champán (o zumo de fruta, para quien lo prefiera) y se comparten historias y risas de esta semana increíble.
Muchos huéspedes cuentan que fue en un catamarán en la Polinesia donde conocieron a personas que luego se convirtieron en amigos para toda la vida. Hay algo en compartir una experiencia tan intensa y hermosa que crea vínculos profundos.
Día 8: Adiós, Polinesia – pero volverás
El desembarco está previsto a las 08:00 en la marina de Uturoa. El último desayuno en cubierta, con vistas a la laguna que has aprendido a amar. Abrazos con la tripulación, que ya se ha convertido en familia; intercambio de contactos con los demás huéspedes; promesas de volver a verse.
Desembarcas con la mochila al hombro, el corazón lleno y esa extraña sensación de quien deja un lugar que, aunque lo vio por primera vez hace una semana, ya siente como su casa. La Polinesia tiene ese efecto: se te mete dentro, cambia algo en ti, deja una huella imborrable.
Y mientras te alejas del puerto, mirando el catamarán que se mece suavemente fondeado, ya sabes que volverás. Porque quien ha estado en la Polinesia, siempre vuelve. Es una promesa que te haces a ti mismo y a estas islas que te han regalado una semana de puro paraíso.
¿Listo para el viaje de tu vida?
Si has llegado hasta aquí, ya lo sabes: la Polinesia Francesa en catamarán te está llamando. No son unas vacaciones cualquiera. Es ese viaje que todos deberíamos hacer al menos una vez en la vida. Es el lugar donde entiendes lo que significa de verdad “paraíso”. Es la experiencia que cambia tu percepción del mar, del azul, de la belleza.
Es el momento en que nadas junto a las mantarrayas que planean elegantes bajo el agua. Es la noche en que contemplas el atardecer desde la red de proa con un cóctel en la mano. Es la mañana en que te despiertas y ves el agua turquesa a través del ojo de buey. Es esa sensación de paz absoluta cuando el catamarán fondea en una bahía desierta y el silencio solo lo rompe el sonido de las olas.
La Polinesia te espera. Tu catamarán está listo. ¿Cuándo zarpamos?
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Los camarotes se agotan rápido, sobre todo para los meses de junio a septiembre. No dejes para mañana el sueño de tu vida.
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“La Polinesia no es un lugar. Es un estado del alma.”
Crucero en Catamarán por la Polinesia Francesa: el paraíso no es un sueño. Es real. Y te está esperando. 🌺🌊

Qué incluye: todo listo para tu paraíso
El precio del crucero incluye todo lo necesario para una semana sin preocupaciones:
- Camarote doble privado con baño privado y aire acondicionado (operativo de 08:00 a 22:00)
- Pensión completa: desayuno, almuerzo, merienda y cena con bebidas incluidas (té, café, agua, zumos en el desayuno)
- Tripulación completa: capitán y azafata/cocinero
- 2 juegos de ropa blanca por persona (sábanas y toallas de camarote), además de toallas de playa
- Todos los consumos del yate: diésel, combustible, agua
- Seguro del yate y de los pasajeros
- Equipo para deportes acuáticos: set completo de snorkel para cada huésped, 2 kayaks (1 doble + 1 individual, o 2 individuales según disponibilidad), Stand-Up Paddle
- Uso del tender para los traslados a tierra
Extras y opciones (no incluidos)
- Vuelos hasta Tahití
- Traslados aeropuerto-marina (podemos organizarlos)
- Bebidas alcohólicas a bordo (disponibles con cargo, a precios razonables)
- Comidas en tierra cuando se elige cenar en los restaurantes locales
- Excursiones opcionales (ver más abajo)
- Propinas para la tripulación (no obligatorias pero muy apreciadas, normalmente en torno al 10% del importe del crucero)
Paquete de excursiones extra
Puedes enriquecer tu experiencia con un paquete de excursiones que incluye:
- Raiatea: visita guiada al templo de Taputapuatea (UNESCO), jardín botánico, valle verde, cascadas
- Uturoa: visita al mercado local con guía
- Granja de perlas negras: visita guiada con snorkel en el criadero y taller
- Cena con espectáculo: restaurante con música y danzas polinesias tradicionales
- Huahine: sitio arqueológico, maraes, plantaciones de vainilla, anguilas sagradas
- Barbacoa en Bora Bora: almuerzo pícnic en un motu privado con barbacoa tahitiana
El precio del paquete varía, pero teniendo en cuenta que incluye 6 experiencias diferentes, es una excelente inversión para vivir la Polinesia con mayor profundidad.
Cómo llegar e información práctica
Vuelos a la Polinesia
A la Polinesia Francesa se llega vía Tahití (Papeete), la única isla con aeropuerto internacional. Los vuelos desde Europa suelen hacer escala en Los Ángeles o Tokio.
- Air Tahiti Nui y Air France ofrecen vuelos directos desde París (unas 22 horas con escala)
- Desde otras ciudades europeas se vuela vía París, Los Ángeles o Auckland (Nueva Zelanda)
- El vuelo es largo, pero merece absolutamente la pena
Una vez en Tahití, hay que tomar un vuelo interno con Air Tahiti (20-30 minutos) para llegar a Raiatea. Los vuelos son frecuentes y el servicio es fiable.
Cuándo ir
La Polinesia tiene un clima tropical con dos estaciones:
Estación seca (abril-octubre): la mejor época, con temperaturas de 24-28°C, menos lluvia y vientos alisios constantes, perfectos para la vela. De junio a septiembre son los meses ideales.
Estación húmeda (noviembre-marzo): más calurosa (28-32°C), más húmeda, con posibilidad de lluvias tropicales breves pero intensas. Mejor evitar enero-febrero (posibles ciclones, aunque poco frecuentes).
Temperatura del agua: constante, 26-29°C todo el año. ¡Un sueño!
Qué llevar
- Bañador (al menos 3, así siempre tienes uno seco)
- Licra o rashguard (camiseta con protección UV para el snorkel, protege del sol)
- Crema solar reef-safe de muy alta protección (¡fundamental!)
- Sombrero y gafas de sol
- Ropa ligera (algodón, lino)
- Sudadera fina (las noches pueden ser frescas)
- Escarpines (útiles para caminar sobre corales muertos)
- Cámara de fotos sumergible o GoPro
- Equipaje blando (el espacio en el camarote está optimizado)
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